-POST SCRIPTUM
En línea con aquello que el lector pudiera hallar en mi escrito El subrepticio rostro del poder en la fisonomía del currículo educativo que compone el libro Filosofía y poder del Grupo Encavernados, recientemente publicado, luego de que recibiera una serie de críticas y sugerencias, y al leerlo nuevamente, me surge la impresión de que no quedan claras las propuestas finales del texto luego de intentar develar y presentar una determinación sutil del poder presente en la educación en general y del nivel superior en especial.
Abonando la idea de que urge la necesidad de abrir una discusión muy crítica y honesta sobre el tema expuesto, intuyo que no queda explicitada una clara posición filosófica que se establece a partir de sus dos disciplinas para mí sustanciales: la ética y la política. Las críticas que he recibido cuando el citado trabajo fue expuesto ante colegas, insistieron en la perpetuación del currículum, o como mucho en el cambio de un currículum por otro, y que ese cambio refleje o posea contenidos más críticos o situados en contexto como para dar lucha a la intromisión de un poder invisible que disciplina dentro del campo educativo. No fue eso lo que quise plantear; no se trata de un cambio de currículum.
Si aceptamos la presencia de un poder diseminado en el entramado de los diseños curriculares en general, es preciso desarticularlo, o al menos, neutralizarlo si es que convenimos en una concepción sana de la educación que sería potenciar en el hombre sus capacidades naturales y liberarlo de las ataduras que lo constriñen. En efecto, lo que hoy se pregona y lo que se ve en la práctica educativa cotidiana muestra resultados magros debido a una compleja multicausalidad que necesitaría de un trabajo anexo a lo que aquí queremos plantear para poder comenzar a versar sobre el tema
Nuestros grandes maestros cuya autoridad, no querida, por cierto, se elevaba y se hacía real a partir de su coherencia moral y de la vida práctica sin necesitar normas, leyes o policía, estarían satisfechos y felices si los des-autorizamos siguiendo el derrotero vital del pensamiento propio. La filosofía, por su misma naturaleza, no debería quedar atada a ningún precepto, prejuicio o autoridad teórica. Sólo la autoridad moral del hombre, que deviene in-moral si queremos seguir sosteniendo hoy algún tipo de autonomía, puede funcionar como posibilidad política y educativa para aquellos que rechazamos toda sujeción y toda coerción. Por lo tanto, la perspectiva que planteo desde el escrito mencionado más arriba es la de abolir el diseño curricular tal como se lo concibe hoy; y sólo sostener algunos lineamientos que funcionen como guía o como cartografía educativa; tal diseño debería surgir de las mismas inquietudes de los estudiantes, desde sus entrañas, y no verticalmente, es decir desde la autoridad técnica hacia el estudiantado. Este formato que propongo ya es practicado con éxito desde hace un tiempo en los llamados centros de educación popular. Pero en el ámbito público, los diseños que actualmente se aplican detentan la infección del poder que, por medio de la educación, reproduce un sistema social y político injusto y expoliador producto de su constitución conductista manipulada. Además, por supuesto, digo que todo diseño curricular conlleva una moral implícita. La perspectiva que propongo también la posee; la única diferencia es que en el primer caso la moral está fundada sobre una muy sutil axiología de rebaño que impone preceptos desde la tierna educación infantil y primaria con el sólo objetivo de torcer y degenerar las tendencias más soberanas del hombre para así luego poder someterlo intelectualmente y dominarlo; en el segundo caso la moral que impregnará los diseños horizontales no busca imponer ni dominar. El verdadero filósofo-pedagogo no quiere que lo opriman, pero tampoco quiere oprimir. La carga moral y política que encierra una perspectiva curricular horizontal conlleva un compromiso con uno mismo y con los estudiantes, es decir, con la comunidad. Se propone una moral basada en los principios básicos de vivencia de la libertad y de la solidaridad entre hermanos. En palabras del gran geógrafo ruso Piotr Kropotkin sería una moral que no ordenará nada. Se negará en absoluto a modelar al individuo….Se convertirá en una simple demostración de hechos, en una ciencia…..Tal es cuanto puede decirse de la ciencia de la moral: a ti te toca escoger.