El devenir del poder tecnológico*
La humanidad siempre ha aplicado técnicas para adaptarse a la naturaleza, para usar los medios dispuestos a su alcance y así vivir y construir una vida humana. La técnica se refiere a métodos, caminos para apropiarnos de algo. Con medios materiales apropiarnos de lo que la naturaleza nos da. Utilizar lo que la naturaleza tiene, con el sólo objetivo de satisfacer las necesidades humanas: tintura para las telas, técnicas de medicina tradicional, todo lo que se desarrolló desde la Antigüedad hasta el Renacimiento.
Hasta la aparición de la Nueva Ciencia, la ciencia moderna, las técnicas eran no invasivas, técnicas no expoliadoras del medio ambiente y que permanecieron casi sin variantes a través de los tiempos. Técnicas que se relacionaban con una idea de la naturaleza que pasó por diversos estadios: una idea de naturaleza vista como una Diosa, divinizada; una Naturaleza que en la Medievalidad se convierte en creación de Dios y, por lo tanto, la sacralidad es algo inherente a ella y a cada uno de sus seres. En la Antigüedad, ¿cómo podríamos expoliar a una diosa? Y en la medievalidad, ¿cómo profanar los seres creados por Dios, maltratar a la creación de Dios? A través de los magos y los alquimistas, en el Renacimiento comienza la interrogación a la naturaleza para así lograr sonsacarle sus secretos, que ella se nos revele mediante todas sus técnicas y conjuros. Ellos son los precursores de la ciencia moderna.
La Naturaleza comienza a ser interrogada y el hombre busca cuáles son los métodos mediante los cuales nos dará sus respuestas. A partir de la modernidad, siglos XVII/XVIII, con Francis Bacon ya aparece clara la relación entre conocer y poder, conocer para dominar. El objetivo a través de los nuevos métodos, ahora científicos, es el dominio de la Naturaleza, tomarnos en serio esto de ser los reyes de la creación. “Conocer para dominar”, el término dominio nos lleva a la idea de un territorio que se posee, del cual se es dueño. Conocer para dominar implica delimitar el campo de la explotación. La Naturaleza a través de la ciencia moderna, se irá convirtiendo en un recurso, todo lo natural a partir de allí será un recurso a ser utilizado por el hombre, ya que eso significa el término, lo que está a la mano para ser utilizado. La ciencia moderna es quien dará los elementos que harán posible que esa dominación, en principio teórica, pueda transformarse en un dominio a través de la acción, a través de la praxis. En esto se encuentra el origen de lo que se denominará tecnología, donde tendremos el aspecto práctico, la técnica, pero también el aspecto del logos. Es una tejné que se basa en un conocimiento seguro, en un conocimiento cierto, el conocimiento de las causas y efectos que se ha logrado a través de la ciencia moderna. Esa Ciencia que a través de ya cuatro siglos de desarrollo, hoy en verdad es tecnociencia. Porque todo saber que las ciencias producen es un saber que acota, que domina la naturaleza, para ejercer una acción sobre ella. Y no sólo sobre ella, ya que también los seres humanos nos hemos convertido en recurso:
*Ponencia presentada en Jornada de Filosofía 2023, Inst. Superior del Prof. A. M. Sáenz
somos recursos humanos.
Generalmente se asimila la idea de lo tecnológico al manejo de una herramienta, un martillo, una tijera. Pensamos que la herramienta es algo que se puede utilizar bien o mal, para bien o para mal se suele decir. Entonces depende del hombre, de su decisión, depende de la libertad humana cómo y para qué usa esa herramienta. El fin de la acción está en manos del hombre considerado como ser individual y aislado. La dimensión colectiva, social y cultural no se tiene en cuenta. Considerar la tecnología como herramienta es lo propio del Modelo Instrumental de comprensión de la tecnología, que la entiende como medio para un fin. Hay otro modelo para comprender lo tecnológico, el Modelo Holístico, de óla, (todo, en griego), la totalidad y con él se amplía el concepto de tecnología.
El Modelo Instrumental se centra en un sólo aspecto de lo tecnológico, un aspecto que vamos a denominar “técnico”, porque ese modelo se concentra en el instrumento (ej. en el martillo). Enfoca en el aparato: el celular, la televisión, la computadora, como un medio para un fin. Pero el Modelo Holístico es una forma de ampliar la mirada para poder comprenderlo, si bien sostiene la existencia del aspecto técnico, encuentra otros. El aspecto técnico es el de los aparatos, pero también procesos y procedimientos, ya que no lo componen sólo cosas que puedo poner sobre una mesa, sino procedimientos médicos, procesos de intervención económica, procedimientos de la minería, procedimientos educativos, etc. son métodos. Método (meta hodós) es camino, camino para llegar a un fin, siempre estamos dentro de la misma idea de los medios, de lo instrumental en el aspecto técnico de la tecnología. Sin embargo, los aparatos, procesos y procedimientos no surgen por generación espontánea, no surgen de la nada.
Nos centramos en el desarrollo de las sociedades europeas durante los siglos XV/XVI, una sociedad que todavía utilizaba técnicas ancestrales, no invasivas, donde el saber sobre esas técnicas era un saber práctico, del orden de la praxis o bien del orden teórico proveniente de la ciencia de la antigüedad. Para que exista todo ese cúmulo de elementos técnicos que se han desarrollado a partir de la génesis de la ciencia moderna fue necesario que esa sociedad renacentista se transformara. A partir del surgimiento de la nueva Ciencia y en diálogo con ella, empezó a cambiar. Y lo hizo de modo tal que, estos nuevos elementos teóricos generados por la nueva física, la nueva ciencia natural, los nuevos estudios sobre la naturaleza, comenzaron a producir también nuevos inventos, lo cual daría lugar en un tiempo a la Revolución Industrial. Inventos que dependían de esos nuevos saberes teóricos, gracias a ellos aparecen. Para que esa nueva ciencia surja y deje de lado a la antigua, fue necesaria la crisis que se produce en el Renacimiento en cuanto a la verdad y los saberes, que empiezan a mostrarse como dudosos, como dudables, no sólo para Descartes que es quien lo expone. Comienzan nuevos caminos de investigación consultando al libro de la naturaleza y no a los libros que provenían de la Antigüedad.
Ese camino de los inventos que lleva a la transformación de la época renacentista requirió de ciertos elementos que fueron necesarios para que eso haya sido posible. En principio las Universidades, que produjeron a esos hombres de ciencia. La creación de las nuevas universidades en Inglaterra, por ejemplo, enmarcadas en la progresiva estructuración de lo que conocemos como el Estado moderno. Estado que deja de ser aquel Estado feudal de la medievalidad, aquel conglomerado de Reinos aislados del Renacimiento, para dar origen a la unificación y el surgimiento de los nuevos Estados nacionales a partir de una lengua, una historia y una religión común.
¿Qué implica ese surgimiento y porqué nos interesa aquí? Porque son los Estados nacionales los que van a brindar la infraestructura necesaria para que todo esto que se está desarrollando en el ámbito del saber pueda pasar a generar cambios y transformaciones económicas y sociales, nuevos inventos, nuevas tecnologías. Porque sin un Estado que sostenga, a través del surgimiento del mercantilismo y el incipiente capitalismo, las Universidades, el desarrollo de las industrias, las fábricas para que esos inventos se produzcan, el surgimiento de un nuevo Derecho que va a reglamentar los derechos de la propiedad, la garantía de los contratos, todo lo que vemos fundamentado en John Locke en su 2do Ensayo sobre el gobierno civil, no hubiera sido posible de esa forma. Ese Estado permitió que todo aquel cúmulo de aparatos, procesos y procedimientos pueda producirse y comercializarse, llegar a quienes los pueden adquirir. Las redes marítimas, de traslados terrestres, aéreos, el sistema de comunicaciones, sólo fue posible a través de su existencia. Él es aquella fuerza organizativa, y en mucho más de lo que hemos nombrado; es condición necesaria, aunque no suficiente, para comprender la tecnología. Es el Aspecto Organizacional de la tecnología, el que sostiene el surgimiento y desarrollo de su aspecto técnico. Es la condición de posibilidad, parafraseando a Kant, del surgimiento y la existencia del aspecto técnico a partir de la nueva ciencia moderna, que hace tiempo se ha transformado en tecnociencia porque participa de la lógica civilizatoria que le imprime el estar bajo el horizonte de esta cultura de la modernidad.
Estamos complejizando y completando el concepto de Tecnología. Para arar un campo con una azada, para sacar mineral de una veta en la montaña, cosas que la humanidad ha hecho y sigue haciendo desde tiempos inmemoriales, no se necesitó de toda esa infraestructura. Nuestros aborígenes lo hacían, ayudaban a parir a la madre tierra decían. Pero cuando se introduce un elemento derivado de la tecnología, lo que ocurre es bien diferente. Todo el entorno humano es transformado por ese aparato introducido como novedad, cambian las formas de relacionarse con ese objeto y con el entorno. Es como si el sistema tecnológico irradiara hacia todo ese mundo humano modificando hábitos, costumbres, sentidos, lenguaje y valores. Transforma el mundo en el cual aparece y este ya no vuelve a sus antiguas formas. Caso paradigmático y reciente en nuestro país: en la década del ’90 la introducción de los celulares progresivamente en una sociedad que, incluso la urbana, debía esperar hasta 10 años para obtener por familia un aparato de teléfono fijo. Donde la comunicación era cara a cara y donde a partir de esto, la transformación comunicacional en la vida de relación de las personas, en las formas de organización laboral, educativa, etc. fue inmensa. La azada no produce este efecto de onda expansiva; con la introducción de la tecnología se trasforma un mundo, vemos allí la diferencia entre lo técnico y lo tecnológico.
Podemos pensar, para hacernos un esquema mental, que el concepto de tecnología es como un compás donde los dos brazos corresponden uno al aspecto técnico y el otro al aspecto organizacional. En el extremo superior los une una bisagra, allí ubicamos el último aspecto de este esquema que nos permite abarcar mejor las diferentes dimensiones del fenómeno tecnológico: el Aspecto Cultural. La cosmovisión que ha hecho posible que se diera todo ese cambio. Este aspecto cultural tiene que ver con los valores, con la idea, la concepción de quién es el ser humano, qué es la vida, la naturaleza, ya que cambiaron las ideas acerca de ellos. Estas transformaciones culturales son en verdad las responsables de los cambios en la Civilización occidental en aquella Europa y dentro de las cuales todavía transitamos. Comenzaron a cambiar los valores de la civilización medieval/renacentista y se transformaron en valores donde lo supremo, lo primero, lo más importante es el valor económico. Los criterios en base a los cuales se deciden las cuestiones, son criterios economicistas, a pesar de los discursos que cotidianamente seguirán nombrando y defendiendo otros valores.
El fenómeno tecnológico es un sistema, es una organización donde todas sus partes están interconectadas y son interdependientes entre sí. Este sistema tiene una lógica interna que se guía por dos principios inamovibles, el primero es la obtención del mayor rendimiento con la menor inversión de recursos. En esto se nota el perfil económico, si nos fijamos, en cualquiera de las cadenas de aparatos, procesos y procedimientos generados en estos siglos por esta revolución tecnológica, su lógica interna tiene que ver con esta búsqueda del rendimiento económico con el ahorro de tiempo y recursos. Otra gran cuestión, la velocidad, el rendimiento está orientado a ganar tiempo y/o dinero con la menor inversión. El segundo principio rector del sistema, no sé si más terrible a nivel civilizatorio que el anterior, es todo lo que se puede hacer debe hacerse, todo lo que se puede debe hacerse. Es decir que toda aquella investigación, acción o producción que podemos llevar a cabo porque están dadas las condiciones en el ámbito del saber y en el ámbito del hacer, es decir podemos conocerlo y producirlo, entonces “debe hacerse”.
Hace ya algún tiempo hemos asistido a debates sobre la clonación, sobre la posibilidad de la investigación del genoma humano, la proliferación de armas nucleares, si se desarrolla alguna cuestión que dañe el medio ambiente, hoy agregaríamos la IA (inteligencia artificial), etc. En el momento del debate sobre la clonación, por ejemplo, proliferaron por radio y televisión, incluso en ámbitos académicos y culturales estos encuentros con representantes de los diversos ámbitos: religiosos de distintas Iglesias, filósofos, hombres de la política, del derecho, de la ciencia, etc. Se percibía al final de los mismos que la palabra que quedaba imbuida del halo de lo verdadero era la de los científicos. Esto nos habla de cuál es el lugar de la verdad en este sistema civilizatorio, el lugar de la verdad es el de la ciencia. En esa época diversos países prohibieron en sus leyes la investigación sobre el tema, otros decidieron no promoverlo en áreas del Estado, pero no impedir que lo hiciera la actividad privada y otros se lanzaron sin impedimentos a la investigación. En EE. UU, país que tenía la completa prohibición, al asumir Barak Obama, liberó a la actividad privada de las restricciones.
Lo que hemos visto en estos años es que todo aquello que es cuestionable desde el punto de vista ético en la producción de tecnologías, que se opone a dictados religiosos o que conlleva aspectos reprochables dentro del ámbito del derecho, por más voces que se alcen, se termina realizando. Es decir que este sistema tecnológico lleva implícita esa obligación permisiva, si están dadas las condiciones para algo, ese algo tarde o temprano se realiza. La lógica inherente a este sistema que hemos visto en sus dos principios, la representan los ejes axiológicos que lo rigen. A pesar de los discursos grandilocuentes de los poderosos sobre el bien, la verdad y la libertad, hay que ser realista y mirar de frente la cuestión, la verdad efectiva de la cosa como nos pedía Maquiavelo.
Friedrich Nietzsche advertía en sus obras de juventud que, en el mundo griego, la filosofía en particular nace de la lucha o sometimiento de dos impulsos: el impulso al conocimiento y el impulso que quiere la vida. Pero a la vez, ese impulso al conocimiento puede desdoblarse y transitarse de forma contrapuesta, como “impulso a la ciencia” o como “impulso a la sabiduría”. El impulso a la ciencia esconde, para el pensador, el impulso al saber a cualquier precio, es decir se emparenta con el primer imperativo de la tecnología: todo lo que se puede debe hacerse (si están el saber y los medios). El impulso a la sabiduría no rechaza la ciencia, pero se trata de un saber selectivo, que incorpora criterios que provienen de “querer la vida”. Esta rivalidad puede darse en un mismo individuo o estar encarnada en individuos opuestos, lo que engendra para Nietzsche diversos tipos filosóficos. Esa matriz cultural como vemos, sigue vigente.
El horizonte, en sentido heideggeriano, en el cual estamos comprendiéndonos y relacionándonos con “lo que es”, es el que se genera en los siglos XVII / XVIII. Con este cambio en la relación al ser que se produce allí, nuestra mente se convierte en representante del ente, como postulaba Descartes. El sujeto es quien dice la verdad de los entes. No se trata de demonizar este sistema civilizatorio ni de endiosarlo, sino de avanzar en su comprensión. Estamos inmersos en él, es el agua de la pecera en la que vivimos, y quizás pueda parecernos que podemos sacar la cabeza de ella y respirar así otros aires, pero como nos advertía Hegel, nadie puede ir más allá del espíritu de su época.
Nos podríamos preguntar hasta qué punto que esto cambie reside en manos individuales, en seres humanos con poder. Parece que por más poder que ellas tengan, se trata en verdad del advenimiento de un nuevo cambio civilizatorio. Estamos en el ocaso de la modernidad y de sus valores ya que todo esto no es más que los valores modernos plenamente devenidos, plenamente cumplidos. También no puede dejar de marcarse que desde la segunda mitad del siglo XX hacia acá estamos viendo pequeñas señales: el advenimiento de la conciencia ecológica, los valores y llamadas de atención de la década del’60, el mayo francés, que luego se desdibujó, todo lo que podemos ver en las juventudes, en esta diferente relación con la naturaleza, que puede permitir sospechar que se podría estar yendo hacia algún otro lugar.
¿Qué es lo que ha cambiado en el orden de la razón para que pudieran producirse estas transformaciones en el ámbito del saber, del hacer y de los valores de la civilización occidental? Los avances técnicos han sido acompañados por un proceso de deshumanización, la idea de progreso amenaza con destruir la autonomía del individuo. Ellos han generado una crisis cultural, que tiende a traducir todo pensamiento en acción. El concepto de “racionalidad instrumental” parece ser el que se aplica a este modo de utilizar y comprender la razón. Ser racional implicaría aceptar la realidad tal como es y adaptarse a ella en el horizonte de la razón como instrumento. Existe una tendencia cada vez mayor a la cosificación, es decir, a la transformación de todos los productos de la actividad humana en mercancías. El pensamiento moderno ha intentado convertir este modo de ver las cosas en una filosofía, tal como la presenta el pragmatismo, cuya sustancia está constituida por la concepción de que una idea, un concepto o una teoría no son más que un esquema o un plan para la acción y que, por lo tanto, la verdad no es sino el éxito de la idea. La reducción de la razón a mero instrumento. En este mundo de objetos, los hombres deben adaptarse en aras de su supervivencia y auto conservación. Adaptarse significa identificarse con el mundo y reaccionar a los modelos generales que impone la propia sociedad.
Con la moderna cultura de masas las palabras están al servicio de este tipo de cultura, la idea de felicidad se banalizó e incluso la idea de verdad se redujo al papel de instrumento necesario para controlar la naturaleza para los fines del individuo. Las agencias de la cultura de masas generan patrones de pensamiento y acción que las personas reciben y utilizan como si fueran propias, y por supuesto influyen fuertemente en ellas, todo maximizado con las actuales formas de comunicación. De aquella razón cuya función era la theoría, la visión teórica de la realidad, queda poco. Mario Casalla, filósofo argentino, nos plantea
“\[…] ¿o qué nos enseñan hoy aquellas reflexiones precursoras sobre la ciencia y la técnica que hicieran, hace cincuenta años, Heidegger, Marcel o Jaspers? Por cierto que, en este último caso, conservan toda la frescura y toda la verdad de una denuncia o de una profecía cumplida. Lo que Heidegger, por ejemplo, anunciara en La época de la imagen del mundo de 1938, es hoy una verdad realizada. La ciencia ha cumplido integralmente su ciclo de tecnificación y la sociedad, que posibilitó y reclamó dicho proceso, ha instalado ya un nuevo tipo de hombre.” (La Tecnología, p2.)
A este modelo de sociedad, en sus comienzos y visionariamente Zbinew Brzezinsky la llamó “era tecnotrónica” en su libro Era tecnotrónica de 1979. Este es un neologismo (asociación de tecnología y electrónica), la “sociedad tecnotrónica” es una fase avanzada de la hasta ahora denominada “sociedad postindustrial” nos dice. La era tecnotrónica se estructura como
“\[…] una sociedad configurada en lo cultural, lo psicológico, lo social y lo económico por la influencia de la tecnología y la electrónica, particularmente en el área de las computadoras y de las comunicaciones…En la sociedad tecnotrónica el conocimiento científico y técnico no sólo aumenta la capacidad de producción, sino que rebasa rápidamente para influir de modo directo en casi todos los aspectos de la vida” subrayado propio, (Era Tecnotrónica, p33 y 34.)
Es decir, el rebasamiento total de las lógicas del mundo técnico industrial a la vida humana diaria en la organización de las actividades sociales, en la percepción psicológica de los seres humanos y en sus relaciones interpersonales. Lo científico y lo tecnológico serán los que den la tónica central del proceso civilizatorio, aunque para Brzezinski no necesariamente debe implicar una deshumanización ni insensibilidad social ya que se debe lograr integrar el cambio social. Algunas cuestiones que anunciaba ya las hemos transitado: el fin de las ideologías de la era industrial, la aparición de nuevos valores, por ejemplo.