Respuesta a la pregunta ¿qué es la Filosofía de la Liberación?

 · María Meza

Respuesta a la pregunta ¿qué es la Filosofía de la Liberación?

Hace poco nuestro compañero del grupo, Carlos Butavand, me invitó a participar en una clase del Profesorado de Filosofía en el Instituto Sáenz de Lomas de Zamora donde fui docente muchos años, después de mucho tiempo estuve frente a estudiantes que se prestaron a escuchar la lectura y comentario de uno de mis trabajos. El texto trataba sobre la Filosofía de la liberación y de ese encuentro les surgieron una serie de preguntas que dieron origen a esta reflexión, lo comparto en agradecimiento a los estudiantes por hacerme pensar. Tiene la frescura e inmediatez de la situación y como les dije a ellos: es lo que les puedo decir ahora, en este momento, y quizás parafraseando a Platón, si nos volvemos a encontrar lleguemos a otras conclusiones.

Preguntaron si hacer filosofía responde a una necesidad o a un deseo. Los seres humanos para poder vivir necesitamos comprender la vida y la realidad en la que estamos inmersos de alguna forma, comprender qué es esto que nos rodea y quiénes somos dentro de ese todo. Y eso es necesario para poder vivir, en verdad hasta la vida cotidiana, la vida vulgar, se enmarca en una teorización de esa vida, porque sin saber quiénes somos y qué hacemos acá, sin darle un sentido a esta realidad y a la vida no se puede vivir.

Hablamos de una filosofía, un pensamiento propio, personal y también colectivo, esta es una actividad filosófica como tal; toda cultura necesita explicarse a sí misma, saber cuáles son los fundamentos sobre los que vive, sobre qué base se sostiene para poder desarrollarse. La filosofía así planteada es un saber de vida como dicen los filósofos latinoamericanos, una necesidad. En algunos seres humanos surge también el deseo de dedicarse a esta forma de ejercer el pensamiento que resulta en la práxis filosófica, es algo que pertenece a todos los seres humanos. Los seres humanos somos filosóficos de por sí, “animales metafísicos” como nos decía Kant.

Decimos que los filósofos siempre piensan su realidad, con esto queremos decir que, aunque se pretenda que hablan para todos los hombres, las preguntas que se hacen surgen de su experiencia, de lo que sucede en su lugar, en su espacio, en su tiempo, por eso decimos que el pensamiento filosófico es situado. Siempre la filosofía es, como plantea Hegel, la forma más acabada, más racionalmente profunda de responder a la pregunta por la realidad. Nosotros decimos “la realidad” así en singular, pero no hay una sola, hay múltiples realidades complejas. Cada pueblo vive dentro de su realidad, dentro de su experiencia histórica y dentro de su geografía y sus hechos particulares, dentro de su Mundo y a eso responde. Aunque se pretenda preguntar quién es el hombre, la cuestión es, en qué hombre se está pensando; siempre se piensa dentro de la realidad y la cultura en la cual está inmerso quien piensa.

Para pensar la realidad propia no es necesario conocer otras, en principio lo básico es conocer la propia. Conocerla en todos los aspectos que la cultura de un pueblo tiene, en las diferentes dimensiones de un pueblo. No son sólo las historias políticas o lo que tiene que ver con las luchas políticas, sino el arte, las creencias, la religión, la moral, la ética, su lengua; tiene que ver con todo lo que constituye una cultura. Toda cultura está constituida por esas dimensiones y son diversas. En el principio, como decía el oráculo de Delfos, es el “conócete a ti mismo”, que no sólo se puede pensar a nivel del individuo sino a nivel colectivo. Tenemos que conocernos y, para completarlo podríamos tomar la frase de Nietzsche: “Sé tú mismo”. No solamente conocer para saber quiénes somos, sino para ser lo que somos. Es decir que además de conocernos está la cuestión de la voluntad, el pasar a la acción.

Conocer para actuar, conocernos para poder actuar de acuerdo a nosotros mismos, de acuerdo a quiénes somos, y no actuar de acuerdo a otros o a modelos de otros, que surgieron en otra realidad, en base a distintas creencias, a pensamientos y teorías diferentes, desde historias que no tienen que ver con la nuestra. Esto sucede cuando se implantan modelos gestados en otros lugares. Alberdi es quien plantea que justamente para tener un Derecho americano tenemos que hacer primero la “metafísica del pueblo”, es decir, conocer a nuestro pueblo en todas sus dimensiones, porque entonces esas leyes van a responder a la idiosincrasia de nuestros pueblos y no a la de otros pueblos. Todo esto no nos libra de conocer otras culturas, sin distinción, otras teorías, otras formas de pensar, otros modelos, pero lo primero es conocer la nuestra. Porque si no lo hacemos entonces seguramente todo lo que adoptemos no va a encajar, es como ese jueguito de encastre, querer encajar la estrellita donde va el cuadrado y no, no va a encajar, porque no responde a nosotros.

Al hablar en el encuentro sobre Filosofía Latinoamericana surgieron, como podía esperarse, preguntas sobre la conquista y colonización de nuestras tierras y pueblos. La colonización no es el inicio de nuestra historia cultural, ella viene de antes sin embargo la colonización fue un corte que sembró formas de vida, ideas y costumbres extrañas, que se mezclaron a la fuerza con las que había y a partir de ahí hay un proceso de aculturación que fue siguiendo, siglo tras siglo, sobre todo porque las sociedades latinoamericanas en general siguieron repitiendo y copiando sin analizar y sin pensar. Estos modelos, estas influencias culturales nos contaminaron, pero a través del tiempo fuimos transformándolas, ya que este sujeto histórico que somos es activo y creador.

La conquista es un acontecimiento terrible que nos ha sucedido, entonces no puede obviarse, sin embargo, debemos partir de antes, partir de quienes eran nuestros pueblos que habitaban América previo a la conquista. Quizás sabemos algo de los mayas, de los aztecas, quizás de los incas, algo por ahí nos llegó de esos pueblos; del Río Colorado hacia el sur sabemos muy poco y nada porque eran pueblos nómades, fueron los que murieron y desaparecieron luchando. Preguntarnos ¿cuáles eran sus formas de vivir? ¿Cuál era su actitud ante la realidad? ¿Cómo pensaban? Porque todas las culturas y todos los seres humanos siempre necesitaron responderse las preguntas sobre su vida y su realidad, quiénes somos y qué es todo esto que nos rodea, como ya dijimos. Nuestros pueblos originarios no pudieron seguir con su desarrollo libremente desde sus culturas, eso les fue negado. “Qué hubiéramos sido si hubiéramos podido ser…” se pregunta Taki Ongoy, un trabajo conceptual desde la música de Víctor Heredia. Por supuesto que tenían respuestas, tenían sus propias formas de enfrentar su realidad, hay que partir desde allí y en adelante. La conquista es un hecho trágico que le ocurrió a nuestros pueblos, porque somos latinoamericanos no podemos dejar de pensarlo, reflexionar sobre el significado, el sentido, qué es lo que ahí ocurrió filosóficamente hablando. Y esto es lo que hicieron los filósofos latinoamericanos.

Consideramos Filosofía Latinoamericana a la que surge ya desde el pensamiento de nuestros pueblos originarios en adelante. Filosofía considerada como latinoamericana porque piensa desde acá y piensa las cuestiones que interesan a nuestros pueblos y ya desde la etapa colonial, la Revolución de Mayo, desde la época independentista encontramos esta filosofía. En el resto de los países de Latinoamérica hubo exactamente en las mismas épocas también pensadores no académicos, la academia de filosofía comienza después, pero son pensadores que, dentro de su lucha política, histórica, dentro de lo que es la escritura literaria etc. han hecho filosofía nuestra mirando a Latinoamérica. Todo esto es considerado Filosofía Latinoamericana, sin embargo, no todo lo que se produjo en esas épocas lo es, ni siquiera todo lo que se produjo en el siglo XX, algunas sí y otras no. Esta demarcación surge porque las que son evidentemente simples copias o comentarios del pensamiento europeo, aunque hecho en estas tierras, no son incluidas en esta clasificación. Porque no piensan las cuestiones de nuestra cultura, pero sí hay filosofía latinoamericana mucho antes que la Filosofía de la liberación.

Esta filosofía surge en la década de 1970, un poquito antes algunos, pero en esa década la mayoría, sin embargo, la Filosofía Latinoamericana, tanto anterior como posterior, excede a dicha corriente. Los filósofos latinoamericanos de la liberación de esa época son universitarios, son gente formada en la filosofía tradicional europea y norteamericana. Tienen sus influencias filosóficas y políticas, pero sucede que lo que ellos pretenden es poder decidir desde nuestra América qué es filosofía y qué no, decidir también cuáles son las temáticas que queremos pensar filosóficamente, que no son necesariamente las europeas, porque a ellos les suceden unas cosas y a nosotros nos están pasando otras. En principio ponen en cuestión la filosofía europea porque no surge de nosotros, nosotros nos relacionamos con ella desde otro lugar, no como los vencedores, sino como los vencidos, no como los dominadores, sino como los dominados, no como los opresores, sino como los oprimidos. Es totalmente diferente estar en un lado que estar en el otro, la experiencia no es la misma. Simplemente por eso, porque la experiencia histórica de Europa es una y la experiencia histórica de Argentina y de América latina es otra.

Sucede que el opresor también es oprimido para nuestra filosofía, es parte de esta díada del dominante-dominado que es una idea propia del contexto epocal donde surge la filosofía de la liberación: la Teoría de la dependencia, una teoría sociológica. En ese contexto cuando se dice que el dominante está dominado por su propia dominación, por ese rol, significa que ese rol no le permite ser plenamente un ser humano, no le permite reconocer al otro en su dignidad por lo tanto él también se vuelve indigno. Sus acciones son indignas de un ser humano, porque cuando hablamos de acciones de dominación, cuando hablamos de acciones de opresión, estamos hablando de acciones reñidas con la ética en primer lugar. Nadie tiene derecho a oprimir a otro ni a dominar a otro, todos los seres humanos somos libres. Hablamos de libertad en términos muy amplios, porque la libertad abarca todos los derechos de una persona, absolutamente todos. Dominación es cuando no se respeta la capacidad del otro de decidir cómo vivir en un marco de respeto, cuando no se respeta el derecho a sus creencias y a cómo orientar su vida, y se oprime porque se tiene el poder para hacerlo, es decir cuando se avasalla su dignidad. Del lado del dominador, del lado de opresor está el poder y se abusa de ese poder; la dominación, la opresión, es un abuso de poder. Ese ser humano en su rol de dominador también está tomado por ese rol, y eso no le permite ser todo lo que podría ser y pienso que tampoco le permite ser feliz. No creo que se pueda ser feliz de esa manera; la psicología nos habla de un placer perverso que existe en el sadismo, en el sojuzgamiento del otro, genera placer, pero placer no es felicidad, por lo que el opresor también está oprimido.

Más adelante se han aportado otras miradas, a partir de la década del ‘80 en adelante, que cambiaron el eje de la Teoría de la dependencia. Surgieron nuevas perspectivas, aunque se siguió pensando siempre con los mismos objetivos de hacer filosofía latinoamericana, apuntando a la liberación de nuestros pueblos. Siendo así entonces tenemos que pensar desde nosotros, desde nuestra cultura ¿qué cosas para nosotros son un problema filosófico? Porque para hacer filosofía lo primero que hay que saber es qué queremos pensar y por qué eso para nosotros es un problema filosófico. A esa generación le ha resultado problema filosófico toda nuestra historia, todo lo que nos pasó a los latinoamericanos desde el inicio y cómo pensar filosóficamente eso; no sólo conocer los hechos históricos, lo que la historia puede enseñarnos, sino qué significan esos hechos, qué le pasó a nuestra cultura, qué pasó con nuestros pueblos y a partir de ahí generar respuestas a esas preguntas.

Cuando hablamos de Filosofía de la liberación planteamos que estos filósofos a pesar de ser argentinos y hacer filosofía desde acá, también leen a otros pensadores que no son los nuestros, pero los leen en clave latinoamericana, es decir se preguntan ¿qué herramientas podemos tomar de ellos que resulten útiles para nosotros? no aceptan en bloque las ideas. Esto puede realizarse una vez que uno sabe quién es uno, porque si uno no sabe quién es, quién es su pueblo, ¿cómo va a saber si los planteos que se hacen están en consonancia con nuestra cultura o no lo están? Lo primero es conocer la propia cultura, la propia historia, la propia geografía, el propio arte, la propia filosofía, de esa forma tenemos cómo comparar, cómo saber si eso otro realmente tiene que ver con la idiosincrasia de nuestro pueblo o no, porque nosotros vivimos acá, no en otro lugar y las cosas nos suceden aquí, esa es nuestra situación.

La filosofía de la liberación al partir de su pueblo, piensa y escucha a su cultura, aunque tampoco son sólo las culturas originarias, sino que es toda esta cultura que se fue dando desde ellos hasta el momento en que están pensando que es la década del ‘70, considerando el devenir histórico de transformaciones que sucedieron hasta allí. Pero además piensa ese devenir y trata de interpretarlo, qué significa para nosotros, quienes nunca fuimos tratados como ciudadanos europeos ni como ciudadanos de primera, aún hoy. Cuando sucede la Revolución de Mayo y fueron nuestros enviados a las juntas españolas para obtener su reconocimiento y plantear que aquí se hacía lo mismo que en España en nombre de Fernando VII, los rechazaron y les respondieron que mientras haya un español en América, uno sólo, ese debía gobernar.

Este pensar lo realiza la Fil. de la Liberación de la forma más racional y profunda posible de pensar, como decía Hegel que es lo propio de la filosofía. Pretenden encontrar respuestas de nivel filosófico, no científico, no vulgar, sino construir teorías y conceptos filosóficos. Es desde ahí que se piensa, siempre cada filosofía, toda filosofía hay que pensarla en situación. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué es lo que ocurre históricamente para que este pensador piense de esta manera? ¿Desde dónde piensa lo que piensa? Son preguntas a realizar siempre ante cualquier filósofo que se quiera acometer. Si no, se comprenderá muy poco, comprenderemos sólo el esquema lógico de sus ideas, pero no la raíz de sus ideas, a qué responden y hacia dónde se dirigen.

La filosofía de la liberación también es programática, no sólo busca dar respuestas sino generar un programa de pensamiento y un programa de acción para la liberación de los pueblos latinoamericanos. Liberación como apólysis, “desatamiento" o "desligamiento", para liberarnos realmente de estas cadenas y poder ser nosotros mismos. Por supuesto no han comenzado de cero, eso nunca sucede, dentro de todo lo que han estudiado se han dejado influenciar por algunos pensadores que también fueron críticos de la cultura europea, que ponen en cuestión Europa, su cultura y su historia. En una lectura situada, Marx, Nietzsche, Heidegger, Ricoeur, Levinas, Adorno, Marcuse, Sartre y Franz Fanón, fueron sus principales maestros. Los toman porque nos sirven si los leemos en clave latinoamericana. Pero también se han basado y se reconocen continuadores de los nuestros: Bolívar, San Martín, Moreno, Alberdi, Martí, Rodó, etc.

Han tenido influencias, pero no han copiado en absoluto; encuentran herramientas conceptuales que pueden servir para pensar esta realidad y las toman, pero también generaron sus propios conceptos originales para pensarla. Esas filosofías ajenas no nos dieron las problemáticas ni las respuestas. Nosotros ya teníamos nuestras problemáticas que no fueron impuestas por las potencias que nos conquistaron culturalmente, en el caso de las filosofías anteriores y en la Academia sí, la influencia de otras filosofías es notable.

Queremos aclarar el concepto de liberación, ya que esta corriente se denomina “filosofía de la liberación” y no de la libertad. La libertad tiene muchas acepciones, si buscamos en diferentes filósofos a través del tiempo vemos que la idea de libertad, su significado, no se comprende de la misma manera. En la cultura griega encontramos dos nociones de libertad: eleuthería  y apólysis, como libertad interior la primera y como "desatamiento" o "desligamiento" la segunda. La filosofía latinoamericana se comprende antes y después de la filosofía de los 70 como filosofía de la liberación, nuestra filosofía pretende la liberación de nuestros pueblos, en todas las dimensiones de la realidad, desde la colonia en adelante y la sigue pretendiendo. Los filósofos del ’70 se nombraron así para reforzar la cuestión y porque había un contexto epocal que estaba en consonancia con ello, pero toda la filosofía latinoamericana es filosofía de la liberación, no de la libertad porque la libertad en definitiva es un término individual. La libertad es del ser humano, de cada uno, se es libre o no. Cuando hablamos a nivel colectivo hablamos más bien de liberación, los pueblos se liberan, los que han sufrido la circunstancia histórica de ser conquistados o ser colonizados han necesitado liberarse, los que no han podido crecer desde sí mismos, también en Europa, la conquista es un hecho de los colectivos humanos.

Nuestras guerras en América Latina no han sido de conquista sino de liberación. Nosotros no hemos salido a conquistar pueblos, los hemos liberado. Las guerras que protagonizaron nuestros libertadores, sus campañas no fueron para conquistar, sino para liberar pueblos. Esto no es lo que en general ocurre, las campañas son para conquistar y colonizar; nosotros tenemos esa virtud ética, ese plus ético en nuestra historia. La liberación entonces tiene que ver con los pueblos.

Así como está en primer plano la liberación, también lo está la idea de Revolución, la década de los ’70 fue revolucionaria y no sólo en nuestro país. Las revoluciones las hacen los pueblos, no las hacen los individuos por separado, y son el derecho de los pueblos a levantarse contra aquello que consideran injusto, porque los ha estado oprimiendo. Los pueblos no se levantan porque sí, nadie comienza algo tan terrible, difícil, como es hacer una revolución si no está convencido de que las cosas no están bien y que no hay otro medio. Que se han intentado otras cosas y no hay cambios. Para comprender estas cuestiones hay que darse una vuelta por la Historia, por lo menos tener en claro los grandes procesos históricos para lograr una comprensión más acabada de las ideas filosóficas. No recomiendo pensar la filosofía alejada de lo histórico, los hechos y las ideas están en permanente conexión como me enseñaran mis maestros. Cuando solamente pensamos ideas y nos quedamos allí en un universo de ideas abstractas que nunca hacen pie en la realidad, podemos decir cualquier cosa. Como decía mi querida maestra Nilza Spinelli, el papel resiste cualquier cosa, uno puede escribir lo que quiera, pero ese no es el punto. Y además un conjunto teórico que sólo posee coherencia lógica, adolece de falta de realidad. No podemos olvidar que en filosofía se trata de pensarla de acuerdo a las formas del saber filosófico; pero la realidad no es lógica, la vida no es lógica. Entonces, ¿qué y cómo queremos pensar? ¿Queremos pensar dentro de un esquema que siempre nos lleve a una verdad lógica o queremos pensar la realidad? Porque en filosofía se trata de pensar la realidad que vivimos, que también se remonta a nuestro pasado, todo eso es nuestra realidad. Los filósofos, todos, no han hecho otra cosa que pensar su realidad, su época, su contexto, su situación. Los filósofos que han dicho algo, pues además están los comentaristas, los copistas…Hablamos de los que han tenido algunas ideas y se refieren siempre a lo que ha resultado problema filosófico en su época, en su lugar. Por eso decimos que nosotros también debemos descubrir qué se transforma en problema para nosotros y ocuparnos de pensarlo.

En la época que surge esta filosofía desde muchos lugares se instala la cuestión de los pobres, de los pueblos pobres. Este clima de época da lugar por ejemplo desde la Iglesia a la aparición de la “opción por los pobres”, los miembros de la Iglesia y también los propios cristianos podían optar por consagrarse a los pobres. Esta opción fue algo que influye en la filosofía de la Liberación y que está presente en el pensamiento de la época, en la sociología, en la política. En consonancia con eso la filosofía latinoamericana también encuentra que el sujeto de su filosofía en definitiva es el oprimido, el pobre, el que ve violentada su dignidad a través de la historia, situación que continúa en el mismo momento en que se está pensando. También ellos hacen esta opción, porque nuestros pueblos son pueblos pobres, y la filosofía latinoamericana es una filosofía de esos pueblos, les pertenece, es generada por ellos. Lo que pretende esta filosofía es ser una filosofía generada por sus pueblos y esos pueblos son pueblos pobres, entonces el sujeto natural de esta filosofía son esos pueblos. Nosotros somos emergentes de estos pueblos, los filósofos latinoamericanos no somos aquellos que tienen el poder y detentan el poder y desde ahí se nos ocurre hacer filosofía. No, la gran mayoría de nosotros pertenece a las clases populares, a las clases medias de sus pueblos, no somos otra cosa. Entonces nosotros somos esos pueblos y por lo tanto como lo somos, nos pensamos a nosotros mismos, los dominados en la historia, que no han podido ser desde sí mismos, que han tenido atisbos de ser, pero siempre volvieron a ser sojuzgados.

Podría parecer que si nos centramos en nuestra experiencia como pueblos singulares perderíamos la universalidad que tanto valora la filosofía. Ocurre que la filosofía de los antiguos también es una filosofía particular, lo que sucede es que Occidente se ha montado sobre la filosofía que se construye a partir de Grecia, Roma, la medievalidad y demás, sosteniendo que es universal y que responde a todos los seres humanos, a todas las realidades y todas las culturas y las ha impuesto desde el poder, pero eso es una actitud de esos pueblos. No significa que verdaderamente sean universales, no hay universalidad posible en cuanto a las respuestas porque las realidades son múltiples y la forma de enfrentar su realidad de cada cultura, de cada pueblo es diversa. Entonces, las respuestas son distintas; la historia, lo que le ha pasado a cada pueblo, sus experiencias son diferentes, los griegos también responden para el pueblo griego, si no, podemos preguntarnos ¿quién es el hombre para el griego?

¿Todos son seres humanos para los griegos, todos son hombres, todos tienen logos?  no, solo el pueblo griego, y dentro de ellos los varones libres; los esclavos tienen sólo una razón dependiente de quienes tienen logos, necesitan que les digan cómo son las cosas, que les digan qué hacer del mismo modo que las mujeres, y los no griegos son bárbaros. Entonces si partimos de ahí, ellos no pensaron universalizar el logos. Ellos piensan y hablan de ellos, no de los bárbaros, tampoco de nosotros los latinoamericanos. Incluso cuando las filosofías europeas hablan del hombre, describen su realidad y la piensan, ¿estamos nosotros incluidos, o ellos están ubicados en lo que les sucede, en las problemáticas de su época, de su tiempo y de su lugar y a ellas responden? Aun cuando como Descartes pregunten qué es el conocimiento verdadero, porque la problemática sobre lo que era verdad o no, estaba en esa Europa no en el resto de los pueblos que no eran Europa y que no estaban pasando por esa experiencia histórica.

Estamos sobrevolando la metafísica, y surge la cuestión: un principio metafísico ¿puede salir de la realidad de un pueblo? Pensamos ¿de dónde proviene la metafísica que estudiamos? En general es la metafísica griega (porque hay otras metafísicas que no estudiamos), a ella la generó el pueblo griego. Si no lo consideramos así y creemos que sólo es obra de individuos particulares, tenemos que sostener que un ser humano puede hacer abstracción total de su realidad, instalarse solamente en el plano intelectual y desde allí pensar algo que sea absolutamente lógico y que entonces se despliegue a nivel lógico y pueda tener un valor de verdad que sea lógico, pero lógico no es real, la lógica y la realidad no son lo mismo. Recordamos nuevamente a la querida Maestra de este Profesorado, Nilza Spinelli quien decía que a los seres humanos la cultura “no nos llueve sin que nos moje” es decir, la cultura no es un saco que me pongo cuando quiero y cuando no quiero no, sino ¿cómo explicar el desarraigo? Las filosofías surgen de los pueblos, no al revés. Por lo tanto los que pensamos, grandes filósofos o no, estamos atravesados por nuestra cultura y no hay modo de deshacerse de ella. Son tan griegos los griegos que pensaron esto, están tan constituidos por su cultura que la toman por lo único, por lo que es: es lo que es y lo demás no es. El ser es el ser griego, el logos griego del cual está imbuido todo su pensamiento, y ese es el modo de comprender el ser griego, pero no es el modo de comprender el ser de toda la humanidad. Han generado una metafísica que se irradió a todo Occidente y que hace más de un siglo está en cuestión absolutamente. Desde Nietzsche, Heidegger y otros la ponen en discusión desde su propio lugar, pero si la pensamos desde nosotros, desde nuestro lugar, nuestra metafísica sería diferente. La cuestión es si a nuestro pueblo le interesa plantearse estas cuestiones metafísicas, si nuestra cultura es una cultura tal que su idiosincrasia sea la de generar un pensamiento que se dedique a estas cuestiones tan abstractas o no. Si este tipo de cuestionamientos son interrogantes que nos plantearíamos, así, originariamente, si no fuera que son impuestos, mediado por un repertorio de saberes filosóficos que “hay que pensar”.

Volvamos a Alberdi, el pensador decía que en nuestras tierras americanas la filosofía que está en el espíritu de nuestro pueblo es la filosofía práctica: la ética, la filosofía política, la filosofía del arte, la filosofía del derecho, la filosofía de la historia, es otro tipo de mirada porque somos otra cultura. Entonces ante la cuestión de si podemos hacer una metafísica propia, sí por supuesto, si la queremos, si la necesitamos. El punto es que la metafísica que generaron en Occidente desde los griegos y que a través del poder que ejercieron a partir de Roma, instalaron, bueno esa mirada ya en la misma Europa se ha quebrado hace más de un siglo y está totalmente en cuestión. Porque ya esas miradas no responden a los planteos filosóficos que Europa misma se hace, esos pensamientos ya no dan respuesta, tengamos en cuenta lo que ha cambiado el mundo desde el siglo V antes de Cristo hasta ahora. Nuestros pueblos pensarán lo que necesiten pensar y lo que consideren que es valioso pensar, lo que deseen pensar, harán metafísica si la quieren hacer, si la necesitan y la desean. El punto es que la metafísica, este pensamiento por el cual uno trata de preguntarse qué es lo real, incluso esto mismo de basarse en el ser como una categoría fundante es absolutamente griega, y por aquí ha habido quienes se han basado en otras categorías como el estar, por ejemplo, partiendo de nuestras culturas originarias. Y cuando decimos hacer metafísica no se trata del comentario a las ya existentes en occidente, sino la que surja originariamente de nosotros.

La universalidad, la metafísica, el sujeto; la filosofía de la liberación y en general la filosofía latinoamericana se propone el fin de la soberanía del sujeto occidental, es decir, el fin de esta pretendida universalidad de la que hablábamos respecto de la metafísica occidental en relación a lo antropológico. El fin de la instalación de la universalidad de una forma de ser humano: ser sujeto; la palabra sujeto también tiene sus bemoles, porque este sujeto de la modernidad, representante del ente, autónomo, etc. así como era definido, ya no existe. Ni siquiera existe ya esa forma de entender el sujeto en Europa, en Estados Unidos, ni en la filosofía occidental, es decir, se ha deconstruido. Pero a pesar de esa deconstrucción se sostiene como vacío de fundamento desde un poder, lo que se instala como verdad se sostiene desde el poder sino no se sostiene por sí misma, saber y poder están en una relación indisoluble en Occidente. La soberanía de este sujeto se expresa en hechos concretos, en el fondo se expresa en el imperialismo occidental y esto también es lo que se está desarmando. La filosofía de la liberación, la Filosofía Latinoamericana pone en cuestión esa soberanía del sujeto, no sólo nuestra filosofía lo hace, pero hablamos de nosotros.

Esta universalidad es lo que está en debate y la propuesta de la filosofía de la liberación es el universal concreto. Cada cultura tiene su forma de comprenderse a sí misma y a lo humano como sujeto o no, porque esa noción es particular y no es la única forma de comprender al ser humano. Toda cultura como tal tiene derecho desde su propio núcleo ético-mítico y desde su propio poder, a instalar lo que considera lo propio del ser humano. A esto nos referimos con el fin de la soberanía del sujeto occidental.

Sin embargo, no es una utopía, es algo posible siempre que nos podamos conocer a nosotros mismos como sujetos colectivos. Y no sólo conocernos si no ser nosotros mismos, allí aparece la voluntad, la acción, aparece un camino a través de la afirmación de nosotros mismos, como dirá la filosofía latinoamericana de los 80. A partir de la afirmación de nuestras culturas comenzar ese camino, no es utópico. La historia de la humanidad nos demuestra que esas posibilidades no son utópicas, que los pueblos se afirman a sí mismos, se sostienen, algunos son conquistadores y entonces extienden su cultura a través de la conquista de otros y así la declaran “universal”.

Lo que se considera universal, válido para todos en todo lugar y en todo momento por definición misma no es subjetivo. Lo subjetivo es una opinión, una idea subjetiva que vale sólo para el que la enuncia, por eso hablamos de opinión, de doxa no de conocimiento, ni de filosofía o ciencia. Si hablamos de ideas que tienen un pretendido valor universal entonces ese universal nunca es subjetivo. Cuando se habla de universal concreto, se entiende que toda cultura tiene su núcleo ético mítico de donde parte, su fundamento desde donde crece, desde donde se mira a sí misma; que es su propio núcleo interno, como cultura y como pueblo, no sólo como individuo. Y a través del diálogo entre las culturas, y sin pretender colonizar, conquistar ni influir en otras, es desde donde vamos a armar un mapa con toda la rica diversidad, que no es solo en colores de piel, que no es solo en costumbres, en arte, sino que es diversidad cultural en las formas de darle una respuesta a la realidad y a la vida. Un mapa que verdaderamente sea universal y sin tomar la parte por el todo, que es lo que hace la cultura occidental; tomar su propio núcleo ético mítico, sus propias ideas como la totalidad de respuestas posibles que se le dan a la realidad. Pero eso no es verdad, no es real, no responde a lo que es, para responder a lo que es debemos conocer lo que es en todas sus variantes. Desde ese diálogo intercultural que se basa sobre todo en esa categoría imprescindible que Kant rescata como el único sentimiento moral, el respeto, no la tolerancia. El respeto es el reconocimiento del derecho del otro a ser otro y a ser distinto, a pensar y vivir de manera diferente.

Así es como la filosofía de la liberación propone que se formará el universal concreto y no solo en aquella época; en la primera década del 2000 Enrique Dussel, uno de sus filósofos más importantes retorna con la idea de la transmodernidad de los pueblos colonizados. Aparece con este armado del diálogo intercultural en principio Sur- Sur para poder así después establecer un diálogo Sur- Norte con los pueblos que han imperado sobre los nuestros en lo ideológico, lo filosófico, etc. a través del poder real.

De lo que se trata con esta fuerte impronta que dejó la filosofía de la liberación en esa década del ‘70, es recuperarnos a nosotros mismos, plantarnos en nuestros pies, darnos cuenta de todo lo que tenemos que caminar todavía para poder realmente conocernos y ser nosotros mismos, y así llegar a ser auténticos por ser conscientes de quienes somos, con todos los matices y todas las diferencias.

Quiero cerrar estás palabras con la poesía de Mario Benedetti que nos sirve de coda final.

 

“Siempre me aconsejaron que fuera otro

Y hasta me sugirieron que tenía

notorias cualidades para serlo.

Por eso mi futuro estaba en la otredad.

 

El único problema ha sido siempre

mi tozudez congénita

neciamente no quería ser otro

por lo tanto continúe siendo el mismo”

 

Mario Benedetti: Otherness (otredad)